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Testimonios

CAROLINA CONTADOR

El 2 de junio del año 2009 yo, Carolina Contador, hija de Dios por gracia, experimenté sensiblemente la presencia de la Virgen María en la localidad de Medjugorje (Bosnia-Herzegovina). Por su mediación, Dios me regaló no uno sino varios milagros desde ese momento. Narrar lo vivido me llena de alegría y siento que hacerlo público, es mi deber de gratitud mínima con nuestra Madre. Pero estos hechos se comprenderán mejor si menciono algunos trazos de mi vida previa. Porque Su luz vino a iluminar la oscuridad en que vivía.

Nací hace veintinueve años en La Serena, ciudad costera al norte de Chile, donde transcurrió mi infancia y adolescencia. En ese tiempo nuestra familia se confesaba católica, pero no éramos de hábitos religiosos regulares, no alimentábamos nuestra fe. Quizás por ello poco a poco me vería envuelta, como mi padre, madre y hermanas, en situaciones que pondrían en riesgo fatal nuestra salud del alma, de la psiquis y el cuerpo.

(Hoy, que puedo ver, comprendo lo sucedido... dejamos muchas puertas sin asegurar, simbólicamente hablando, por las cuales el mal o directamente dicho, el demonio, pudo colarse)

La cercanía y unión afectiva con mis padres y hermanas -simbolizada en el compartir largos diálogos durante nuestras comidas cotidianas o los infaltables paseos dominicales donde todo eran risas y algarabía-, llenaron de color mi infancia. Pero cuando cumplí quince años, la inesperada separación de mis padres daría inicio a un descalabro en nuestras relaciones, roles familiares y poco a poco en mi propia vida. Sentimientos de abandono, inseguridad, aislamiento de mis pares, baja autoestima, desórdenes alimenticios que ponían en riesgo mi salud me atraparon por años. La autoexigencia en que fui formada, aquello de que “todo cuesta empeño y es cuesta arriba en la vida”, me llevaba además a tratar obsesivamente de hacer muchas cosas, todo lo que se esperaba de mí, todo lo que me pedían, y ojalá todas bien; pero esto sólo potenció mi incapacidad de sanar la raíz de mis males. Me negaba a mirarme y mirar mi historia con sinceridad: en definitiva mi fragilidad espiritual y la de mi familia. Desconocía lo que eran la paz y alegría espiritual auténtica. Así fueron pasando los años y perdí el rumbo, me sentía vacía, sin encontrar a Dios, verdadero sentido de la vida.
Seis meses de terapia intensiva, las ilusiones que posteriormente viví al ingresar en la universidad, fueron pequeños nutrientes hacia la libertad. Pero insuficientes, algo faltaba, ¿qué era aquello? Sin mayor claridad continué buscando. Como muchas personas leía las predicciones del zodíaco, me inscribí en cursos de yoga y técnicas de reiki, idealicé relaciones de amistad con personas de credos religiosos que me eran ajenos, creyendo encontrar allí aquel sentido vital que anhelaba; alguna vez fui a misa e incluso me confesé, pero todo resultaba inútil.

(No lo sabia entonces, pero creo que en aquellos días el demonio tenía atrapada mi alma)

Mi primavera comenzó a surgir cuando tras un encuentro, en apariencia casual, pero seguramente querido por Dios, y después de un año y medio de distancia, retomamos la relación con mi pololo. Poco a poco nos fuimos redescubriendo y desafiando a vivir menos desde el egoísmo, de la vanidad que habían marcado nuestras vidas en el pasado y más desde el amor comprometido con el bienestar integral del otro.
Cierto día su mamá y papá nos invitaron para viajar juntos a Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina. Se veía en sus rostros la alegría inmensa que el darnos este regalo les provocaba. Su relato de lo que allí ocurría, me dejó algo atónita ¿La Virgen María apareciéndose y entregando mensajes al mundo desde 1981 hasta esa fecha? Esto parecía más un bello cuento que realidad tangible... pero ellos estaban dichosos y nada dije. Subí al avión el 10 de Septiembre del año 2008 con una mezcla de escepticismo y ganas de que todo aquello fuese verdad.

 

(El demonio sabía que sus horas de dominio avasallante en mi ser estaban contadas y acicateaba mis dudas)

No vi apariciones de la Virgen o señales en el cielo. Pero me remecieron los miles de peregrinos, de todas las edades, venidos de países y culturas diversas a esa pequeña aldea, desgranando rosarios día y noche, depositando ante Dios sus verdades en cientos de confesiones, día tras día, anhelantes de ser testigos idóneos de Dios. Luego una serie de hechos inesperados, movidos seguramente por el fuerte anhelo espiritual del papá de mi pololo, abrieron la posibilidad de dialogar privadamente con Vicka Ivankovic, una de las personas... ¡que afirma ver y recibir mensajes para el mundo de la Virgen María!.
Regresé con nuevos bríos a Chile. Todo lo vivido me impulsaba hacia Dios y poco a poco descubrí la potencia milagrosa del rezo del rosario pues mis ruegos sobre hechos cotidianos e importantes de mi vida y la de otros eran escuchados. Como ejemplo baste mencionar que luego de visitar Medjugorje jamás he vuelto a vivir desórdenes alimenticios ni desesperanza.

(Nuestra amada Madre María, acompañaba y observaba mi proceso. Hoy lo sé, porque algo en mí decía que debía retornar a Medjugorje. Sin ansiedad; desnuda de anhelos; honesta; a presentar el barro del cual, por mi propia responsabilidad, estaba hecha)

El 2 de junio de 2009, subía junto a mi madre el monte llamado Podbrdo, donde tuvieron lugar las primeras apariciones, en Medjugorje. Con miles de personas acompañábamos a Mirjana Dragicevic, otra de los seis ‘videntes’ quien debía en ese momento acudir allí para “orar con la Virgen por quienes no conocen el amor de Dios” y recibir tal vez un nuevo mensaje que la Reina de la Paz quisiera regalar a la humanidad. Había estado lloviendo todo el día, pero en ese instante que iniciamos el ascenso el sol comenzó a mostrarse entre las nubes, la lluvia se tornó fina, casi imperceptible. Al poco andar cuesta arriba la muchedumbre se detuvo, yo no alcanzaba a divisarla, pero todo indicaba que estaba cercano el momento en que Mirjana viviría un nuevo encuentro. Deseando acompañarla espiritualmente me puse a rezar el rosario, pero transcurridos unos breves minutos una extraña sensación de tibieza comenzó a envolverme y el corazón a palpitarme tan intenso que casi podía sentirlo bombeando en mi pecho; perdí la noción de tiempo y espacio, ya no escuchaba las voces ni veía a la gente, no pude continuar rezando, quedé muda, suspendida, como flotando... En ese instante todo se detuvo y comprendí con total certeza... Sí, era ella ¡Era la Virgen quien me tenía envuelta en su manto! ¡Si hasta podía sentirlo! La más maravillosa y concreta sensación de plenitud y paz que ese cálido abrazo, jamás experimentado, me brindaba!

Han pasado días, meses, ya casi un año desde aquella experiencia sobrenatural, que fue para mí un milagro de Dios. Hoy creo en Dios sin dar lugar a la duda (nuevo milagro). Todo lo que soy y vivo encuentra su sentido sólo en Él (otro milagro).. Hoy veo con gozo el poder milagroso de la oración del rosario, la confesión, acudir regularmente a misa, pues la conversión de algunos cercanos señala que mis ruegos fueron escuchados (continuidad en los milagros).

Soy feliz por mediación amorosa de la Virgen María, que me puso a los pies de nuestro Padre Dios.

Santiago de Chile, 2010

 

Centro María Reina de la Paz.Santiago, Chile. E-mail: virgendemedjugorje@gmail.com

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