INVÁLIDA FUE CURADA DURANTE UNA APARICIÓN DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE

 

Todas las pruebas médicas realizadas a la joven italiana Silvia Busi indicaban que a sus 16 años quedaría confinada a una silla de ruedas, incapaz de mover las piernas. Pero nueve meses más tarde, la enfermedad de Silvia desapareció tan repentinamente como había comenzado; fue durante una aparición en Medjugorje al vidente Iván Dragicevic. Los hechos sucedieron entre 2004 y 2005 y acaban de salir a luz (Noviembre de 2011)

Video original del testimonio al final

 


Durante nueve meses a partir de octubre de 2004 la estudiante originaria de Padua, Italia, hoy de 23 años, estuvo confinada a una silla de ruedas, incapaz de caminar o mover las piernas. Pero su tiempo como inválida terminó en junio de 2005 en la parte superior de la ‘Colina de las Apariciones’ en Medjugorje cuando ella se levantó y caminó al término de una aparición de la Virgen María al vidente Ivan Dragicevic.
“Hasta principios de octubre de 2004, yo era una niña normal, estaba yendo a la escuela, teniendo amigos, bailando y nadando. De repente, en pocos días, todo eso fue bloqueado y todas las pruebas médicas fueron negativas”, declaró Silvia Busi durante una reciente reunión de oración en Italia.
“Cuando me encontré en una silla de ruedas, mi familia y yo vivimos momentos difíciles y dolorosos. En los meses siguientes comencé a perder peso, y mis ataques (convulsiones) empeoraron, lo que limitó mi vida aún más, y me llevó a una crisis emocional”.
Los hechos ocurridos a la joven, motivaron a que la madre de Silvia retornara a la fe buscando una solución a la enfermedad de su hija. La familia era católica, pero Silvia dice que ella asistía a la misa dominical sólo por costumbre:
“Mi madre era nuestra fuerza” dice, recordando sus nueve meses en silla de ruedas, tiempo en que la madre de Silvia se vio fortalecida por un grupo de oración dedicado a la Virgen María…
“Mi madre era nuestra fuerza y ella al no encontrar respuestas con los médicos, se dirigió a un sacerdote que era muy devoto de un grupo mariano. Así que empezamos a seguir al grupo todos los viernes, junto con el rezo del rosario, yendo a misa y a la adoración eucarística. Pero yo seguía a mis padres, sólo porque no podía quedarme sola en casa “, señala Silvia, y continúa… “En mayo, el mes dedicado a la Virgen, mi madre decidió asistir al grupo todos los días y no sólo el viernes; y al menos rezar el Rosario e ir a misa. Al principio no fue fácil para mí, pero después de algunas semanas, comencé a sentir la necesidad de ir, porque sólo allí podía sentir un poco de paz. No era capaz de hacer las mismas cosas que mis compañeros, en ese lugar sentía menos peso”.
La decisión de Silvia de ir a Medjugorje fue tan repentina e inesperada, como la aparición de su enfermedad y su curación…

“El 20 de junio, mi fisioterapeuta me dijo que la semana siguiente acompañaría a su madre a Medjugorje. Le pregunté si podía ir con ellos, y después de tres días me encontré en el autobús hacia Medjugorje con mi padre. Llegamos en la mañana del 24 de junio de 2005, la fiesta de San Juan Bautista, y también el aniversario de la primera aparición”, recuerda Silvia.

Nada más llegar se enteró que el vidente Ivan Dragicevic tendría una aparición pública en la noche e inmediatamente decidió ir allí, aunque luego pensó que le sería imposible llegar con su silla de ruedas a la cima del Monte de las Apariciones. Pero no faltaron quienes le ayudaron llevándola hasta la cima de la colina donde llegó a las 8 pm, dos horas antes de la aparición.

“Ese es mi primer recuerdo de orar realmente con el corazón. Esas dos horas se fueron volando. Sentado junto a mí, el líder de mi grupo me dijo de orientarme para quedar frente a la Virgen, porque poco después iba a bajar del cielo a escucharnos a todos nosotros. Entonces fue que comencé a orar pidiendo fortaleza para aceptar con serenidad el enfrentar una vida en silla de ruedas, porque tenía diecisiete años, y el futuro me aterrorizaba mucho”.

“Durante la aparición a Iván, vi una luz a mi izquierda: blanca, hermosa, muy refulgente, fuerte, y la pude ver porque no estaba ciega. Cuando la vi tuve miedo y bajé los ojos para no verla, pero al mismo tiempo sentía que era algo bueno y yo no podía dejar de verla. Así, a lo largo de la aparición, yo siempre miraba esa luz a través del rabillo del ojo “, declara Silvia Busi.

 

Después de la aparición, los portadores de Silvia la perdieron, y cayó sobre las piedras de la ladera. Pero Silvia no sentía las rocas, dijo…
“Recuerdo como si hubiera estado en un colchón suave y no sobre las rocas duras y afiladas que hay en el lugar. También recuerdo una voz muy dulce, que me habló y me tranquilizó. Después de unos minutos, abrí los ojos y mi padre estaba junto a mí llorando. ¡Por primera vez en nueve meses, yo podía sentir mis piernas, sentí que me apoyaba en algo! Entonces le dije a mi padre: ¡Estoy curada, puedo caminar!”
“Hubo una mano extendida delante de mí. La agarré y me alcé sobre mis pies como si fuera la cosa más natural. Me eché a llorar porque se trataba de algo más grande que mi persona. Yo nunca podría haber imaginado esto. Entonces empecé a caminar. Mis piernas estaban muy delgadas, pero estaba segura de que jamás caería porque sentí como si hilos invisibles me sujetaban por detrás, y estaba segura de que no iba a caer ni a lastimarme.”

A la mañana siguiente, alrededor de las cinco, Silvia subió a la Montaña de la Cruz para rezar el Vía Crucis, junto con su grupo. A su regreso de Medjugorje, sólo los ataques (convulsiones) habían quedado de su enfermedad. Pero para que ellos desaparecieran necesitó otra ayuda de Medjugorje:

“Seguí teniendo convulsiones, pero gracias a Dios que pasaron. Al principio yo era muy tímida y no quería testigos, y luego tuve muchos ataques durante el día. Entonces el Padre Ljubo Kurtovic, un sacerdote de Medjugorje, llegó a Turín para una reunión de oración y me propuso dar gracias y alabanzas a Dios por el don que me había regalado en Medjugorje“, confiesa Silvia Busi. “Antes de retirarme del encuentro con el padre Ljubo, él oró sobre mí, me bendijo y pocos días después desaparecieron todos los ataques. Después de un año dejé de tomar la medicina y ahora, gracias a Dios, estoy bien.”

Aunque Silvia Busi está completamente curada, ella no considera que esto sea el mayor regalo que recibió:

“La mayor gracia que Dios me dio a mí y a mi familia fue redescubrir la gracia de Dios, la fe y la conversión. El camino es muy largo, acaba de comenzar y continúa durante toda la vida. Las dificultades están ahí y nadie es inmune a ellas, pero con el poder de la fe y la oración, ustedes son capaces de superar y lidiar con ellos “, afirma.

Fuente: es.gloria.tv/, www.medjugorje.ws