SALVADA DEL SATANISMO

 

Siendo miembro de una red satánica, esclava del dinero, promiscua sexual con numerosos ‘novios’, Angela intentó asesinar a Chiara Amirante, fundadora de la comunidad religiosa Nuovi Orizzonti a la que hoy pertenece.

 


Abandonada por su madre cuando era una bebé, atrapada por una peligrosa secta satánica, convencida de la necesidad de asesinar a una monja por indicación de la sacerdotisa, que a la vez era su psiquiatra... Contó su testimonio en un encuentro de jóvenes en Medjugorje, del cual se ofrece su transcripción...

“Cuando se experimenta el amor de Dios, aprendes que no lo puedes guardar para uno mismo. Yo llevo doce años viviendo esta forma de amor. Llevando el amor a quienes no conocen el amor de Dios. La comunidad a la que pertenezco nació en 1984, fundada por Chiara Amirante, que comenzó llevando la palabra de Dios a los puntos de muerte de la ciudad de Roma. Tantos jóvenes que no conocían la palabra de Dios le pedían: «Chiara, sácanos de este infierno».
Llevo 12 años en la Comunidad Nuovi Orizzonti, tengo 40 años y cuando entré a la comunidad no creía para nada en Dios. Para mí los sacerdotes y las religiosas tomaban esta vida por la falta de trabajo…
Con el sufrimiento tuve contacto apenas nací, porque mi padre y mi madre me abandonaron al nacer y viví mis primeros seis años de vida en un orfanato.
A los 18 años se es mayor de edad en Italia, así que me fui de casa. Pude hacerlo porque tenía un trabajo, un oficio. Soy una ex chef internacional de cocina. Comencé a trabajar y el dinero empezó a ser el dios de mi vida. Cuanto más tenía, más quería tener. Pero a fin de mes no quedaba nada. Mi vida afectiva también era un desastre. Tenía novios según la estación del año, uno para la estación invernal y otro para el verano. Pero esto comenzó a ser cada vez más una herida que dejaba mi corazón muy lastimado.”

Un duro golpe

“Finalmente me enamoré de una persona que todas las madres de familia soñarían para sus hijas, alguien inteligente, bueno, educado. Pero tenía un pequeño defecto: era católico, un católico convencido. Y empezó a hablarme de Dios. Y le dije: Escucha Luca las relaciones de a tres no funcionan, somos tú y yo y punto. Dios debe estar fuera. El fingió seguirme la corriente. Al cabo de dos años, me dijo: escucha, Ángela, hablé con mi director espiritual porque tengo intención de casarme contigo. Yo lo observé un poco perpleja pero por un solo motivo, porque no sabía qué era un director espiritual. Y le respondí: Vamos al registro de la ciudad, dos firmas y estamos casados. Y me dijo: No, para mí es importante el sacramento del matrimonio. Nos dan la posibilidad de efectuar un matrimonio mixto donde tú declares ser no creyente pero yo puedo casarme contigo dentro de la Iglesia
El comenzó a organizar la boda, pero de repente se enfermó, se enfermó gravemente. Después de una serie de análisis, nos dicen que debido a una transfusión de sangre que le habían realizado en el pasado, había contraído el HIV, tenía SIDA, sentencia: ni un año de vida. Fue entonces que entré en contacto con la primera verdad de mi vida. Porque yo con el dinero hasta ese día había comprado todo y a todos. Pero una sola cosa no podía comprar: la vida. Y para mí fue una derrota. Luca partió para el paraíso cuatro días antes del matrimonio. Y ahí se me derrumbó el mundo… Recuerdo la tarde del funeral. Estaba en una playa y dije: Dios, si existes, te destruiré, pero si no existes pasaré mi vida diciéndole al mundo que no existes. Comencé mi guerra con Dios.”

Adónde llevan las sectas

“Primero me acerqué a varias filosofías, la New Age, el Reiki. Hasta que un día una colega de trabajo me dijo que tal vez necesitaba ir a psicoterapia. Y comencé a ir un día a la semana, dos días, tres días, cuatro veces por semana. La psicoterapia se convirtió en mi droga. Al poco tiempo la doctora me dijo: sabes, Ángela, tal vez necesites hipnosis porque tenemos que entrar a lo más profundo de tus heridas. Le dije que sí.
Desafortunadamente esta doctora era una sacerdotisa de una de las sectas satánicas más importantes de Italia. Ahí pasé dos años de mi vida. Dos años que me llevaron a perder mi dignidad de mujer, mi dignidad de ser humano. Sólo vivía para el poder y el tener.
La noche de Navidad de hace diez años, durante un rito, me dijeron que tenía que demostrar mi pertenencia: En Roma -me dijo la sacerdotisa- hay una joven, de nombre Chiara, que ha fundado hace poco una comunidad. Esta muy protegida por la Iglesia y para nosotros es un obstáculo. Si verdaderamente quieres pertenecernos, debes hacer una cosa: destruye Nuovi Orizzonti y mata a Chiara. Y acepté.

Partí para Roma la noche del 5 de Enero. Eran las ocho de la noche y Chiara estaba cenando. Llamé a la puerta de la comunidad. Estaba segura de lo que haría. Chiara cuenta siempre que en ese momento en su corazón escuchó la voz de María que le decía: Abre tú la puerta que es una hija mía que tiene una gran necesidad. Chiara se levantó me abrió la puerta e hizo algo que me descolocó… Me abrazó al tiempo que decía: ¡Finalmente estás en casa!
Este abrazo indeleble que llegó a mi corazón cambió mi vida. Chiara me llevó a su habitación y hablamos un poco. Le entregué el arma con que pretendía asesinarla y le dije: Chiara para mí ya no hay esperanza.
Y me respondió: Sí. Si la hay porque el amor ha vencido a la muerte, porque Jesús te ama.
Le dije: Chiara yo los conozco. Tengo pocos minutos. Ellos me matarán a mí y te matarán a ti.
No, Ángela, dijo, no lo harán. Porque María te quiso en esta casa.”

En la Iglesia Católica

“Llamaron a un sacerdote pues, obviamente, lo primero era hacer una buena confesión. Debido a las actividades en que estaba involucrada, no me pudieron dar la absolución inmediatamente. Escribieron a la Santa Sede, a la Doctrina de la fe. Y un cierto cardenal Ratzinger respondió a los pocos días: Hoy la Iglesia está de fiesta porque una Hija ha regresado a casa. Con un permiso muy especial la noche del 27 de Enero, en la capilla de las hermanas de la Madre Teresa en Roma, pude recibir la comunión, pude consagrar mi corazón al Corazón Inmaculado de María, hacer votos de pobreza, obediencia, castidad y experimentar la alegría de Cristo Resucitado. Y ahí comenzó mi camino. Mi camino de sanación. Ninguno había conseguido sanar ciertas heridas, solamente el amor de Jesús.
Pero había todavía una herida que no había podido sanar, y era la falta de una madre… porque me faltaba… Cuando en Navidad todas la madres telefonaban, yo no recibía ninguna llamada…”

La Cruz de Cristo

“Por la noche cuando llegaba frente a Jesús, empecé a escuchar en mi corazón: Ángela, si hoy tú existes es porque tu madre dijo sí a la vida. Cuando se experimenta la misericordia de Dios, la primera cosa que se aprende es a no juzgar. Y yo no tenía ningún derecho de juzgar a mi madre. Porque si una madre llega a abandonar a un hijo es porque hay un gran dolor.
La ley italiana permite obtener información del propio origen. Encontré a mi madre. Comenzó a telefonearme y un día me sugirió conocernos personalmente. El 2 de Junio de 2004 partí para la ciudad donde ella vivía para encontrarla… Pocos minutos después de encontrarnos, con una mirada que yo no le deseo ni a mi peor enemigo, me dijo: Tú para mí no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida. Yo no sé qué siente una madre cuando un hijo dice no al amor, pero les puedo decir lo que siente un hijo cuando una madre le dice no al amor…
Fue un gran dolor, regresé a Roma con Chiara y le dije: ¿Pero qué le hecho de malo a Jesús, trabajo para Él, por qué no me puede ayudar? y Chiara me respondió con una frase de Santa Teresa para explicar por qué Jesús me trataba así, me contestó: Sabes, Ángela, a sus amigos los trata así. Y agregó que Santa Teresa había respondido: ahora entiendo por qué tienes tan pocos amigos…”


Una franca resistencia

“Chiara me dijo: escucha Ángela tienes 20 días de vacaciones, hay un lugar al que puedes ir, Medjugorje, toma tus vacaciones y ve allá. Y pensé: yo a Medjugorje no voy. Mejor, me pagas las vacaciones a Croacia que tiene un mar estupendo y un día voy a Medjugorje. Y ella me dijo: te recuerdo que tienes un voto de pobreza y un voto de obediencia. Y por obediencia vas a Medjugorje. Así que vine a Medjugorje.

Los primeros diez días no quise saber nada. El décimo primero, pasa la vidente Marija, me saluda y me invita a una aparición. Y de golpe, riéndome, le contesto: escucha, Marija, la Virgen tiene que venir a mí porque yo no me muevo. Me observó un poco sorprendida y me dijo: de todas formas ven.
Estaba lleno de gente. Llegué a las 6:20 p.m. Había gente que llevaba 2 o 3 horas esperando. Pasó Marija, me tomó del brazo y me llevó con ella dentro de la capilla. Y empezó la aparición. Me hizo arrodillarme, ella estaba a mi lado. Yo veía a todos los peregrinos, y decía, ¡qué buenos, cómo rezan!, pero mi corazón estaba cerrado.

Pero en cierto momento sucedió algo, y se los dice la persona más racional que existe. Empecé a sentir un calor en el cuerpo, era un calor que me envolvía, era como si algo me abrazara, pero lo más increíble es que era como un transplante de corazón y subrayo la palabra transplante porque no era un corazón reparado, era un corazón nuevo…
Terminó la aparición, y yo continuaba repitiéndome: Ángela no ha pasado nada. Y cuanto más lo decía mejor me sentía. Marija se levantó e hizo lo de siempre, explicó lo que había sucedido. Delante de todos, dijo: He presentado a la Virgen todas las intenciones, la Virgen ha orado por vosotros, os ha bendecido y después, delante de todos, me observa y me dice: La Virgen hace suyo el dolor que llevas, pero a partir de hoy sólo Ella será tu Madre.

Marija no sabía absolutamente nada de mi historia. Salí de la capilla, Marija me tomó del brazo y nos fuimos a casa. Y aún sin convencerme le hice una pregunta: ¿Marija, estabas ahí, me viste en la capilla? y ella, sonriendo, me respondió: yo no, pero la Virgen sí. Y desde aquel día he sentido a María en mi vida.
He descubierto que cada vez que tengo el rosario en las manos, es María quien me toma de la mano. Aquella tarde aprendí otra cosa, que era cierto que hasta ese día había trabajado para Dios. Pero que María quería que trabajara con Dios.
Fue una experiencia bellísima. Porque descubrí que el dolor, puede ser transformado en amor por la humanidad.
Porque si una tarde dije que Dios no existía, después de 12 años puedo deciros que Dios existe. Durante 8 años, viví en el silencio. Viví escondida. Pero hace dos años, durante un capitulo general de la familia salesiana, Chiara y otras personas importantes me pidieron que contara mi historia. Al principio tuve miedo. Pero cuando aprendes que la vida no te pertenece, que la vida es un regalo..., hice este pacto con Jesús: Jesús te ruego, si mi vida, mi historia, sirve a un solo joven a encontrar tu misericordia, daré mi vida por esto.

Queridos Jóvenes: no tengáis miedo al sufrimiento. El sufrimiento existe. El mundo os enseña que no existe. El mundo os enseña a ocultar el sufrimiento. Pero Jesús nos ha enseñado a vivirlo con Él. Lo que tiene clavado a Jesús a la cruz no son los clavos sino el amor que tiene por cada uno de nosotros… Os ruego, como decía San Francisco, no permitáis que el amor de los amores no sea amado. Llevemos el amor de Dios a todo el mundo. La Madre Teresa decía: somos gotas en el mar, pero muchas gotas hacen un océano.

Queridos Jóvenes: os puedo decir una cosa: hay un Dios que nos ama y debemos experimentar la alegría. La alegría de Cristo resucitado. Ese pedazo de pan que nosotros adoramos, ese pedazo de pan con el que nos nutrimos. Ahí está realmente el cuerpo de Jesús. Y lo digo con un gran dolor, porque los satanistas creen más que nosotros que ahí está el cuerpo de Jesús. Nosotros tenemos que empezar a creer. Tenemos que empezar a vivir a Jesús. San Pablo decía, no soy yo quien vivo, es Jesús quien vive en mí.

Entonces jóvenes, ya sabéis donde está la verdadera libertad. Está en una sola palabra, en la obediencia. Y lo repito, no escapéis al sufrimiento. Llevadlo con Jesús, y entonces ese sufrimiento se transformará en amor. Me despido con una frase de Edith Stein. Cuando Edith se convirtió le preguntaron: ¿por qué te convertiste a la religión católica? Y ella respondió: Porque busqué el amor y encontré a Jesús.”

(Fuente testimonio: http://www.nuoviorizzonti.org)