Inicio
Quienes Somos
Grupos de Oración
Medjugorje
Espiritualidad
Peregrinaciones
Historial de Noticias
Enlaces
Contacto

 

Rosario. Sitio Destacado
Envía tus peticiones
 

¿Cansados de buscar?
Nuevos Grupos de Oración
¡Incorpórate ahora mismo!
Envíanos tus datos a nuestro
 

Testimonios

 

 

 

LUDMILA SHOFERISTOV

El amor a nuestro Señor y a la Virgen es parte de mi historia, del código genético que constituye mi ser desde que vine a la vida. Nací en Kiev al poco de estallar la Segunda Guerra Mundial y haber padecido mi familia la más brutal represión que arrancó de entre nosotros a mis abuelos, quienes morirían en los campos de trabajos forzados de Siberia. Pero la brutalidad avasallante del ateísmo y el cierre de las iglesias impuesto por Stalin, no impidió que mis padres me bautizaran a escondidas, para luego huir de nuestra tierra asolada por el comunismo.
A pie, en carreta, avanzando sin descanso día y noche, arriesgando en cada recodo del camino la vida, asaltados por grupos de insurgentes, logramos llegar hasta Polonia y luego a un campo de refugiados en Austria desde donde partiríamos hacia Chile. Mi madre no se cansó de orar en toda esa travesía y recordarnos que a nosotros nos cuidaban sus tres ángeles, San Miguel, San Gabriel, San Rafael y la Madre de Dios.
Cuando escuché por vez primera de Medjugorje como un lugar de espiritualidad mariana y gracia de Dios, pensé que en esa tierra su gente –como mi familia- también han templado el espíritu viviendo la fe bajo condiciones límite. Jamás estuve allí y tal vez nunca lo estaré, no es necesario. Amo a la Virgen y los contenidos de los mensajes, la súplica permanente invitándonos a orar sin descanso, es congruente con mi vida de fe:

Ningún médico apostaba por la supervivencia de mi hija. Dos derrames cerebrales y un parto que hubo de adelantarse por cesárea, apagaban su vida. En esas horas, impregnadas de dolor y angustia, mantuve apretado en mi mano derecha un rosario (aunque no era consciente de ello) yendo de un sitio a otro o velando al pie de su cama. Cuando los médicos desahuciaron toda posibilidad de ayuda, quedé en shock y entonces me fijé que tenía mi pequeño rosario en la mano. Me fui de inmediato al oratorio y con gritos en el alma pedí la ayuda de la Madre de Dios. Esperé alguna señal y solo el silencio se hizo dueño de todo en ese instante, calmando mi espíritu. Fue entonces que solté a mi hija y la entregué a Nuestro Señor. No seré la primera ni la última madre que pierde a un hijo (y pensé en María) hágase tu voluntad Señor, le dije.
Hoy mi hija está viva, absolutamente sana, sin rastros de haber tenido nunca daño neurológico alguno. ¿Cómo no testimoniar que los milagros existen, si me han sido regalados?

Similares intervenciones han ocurrido cuando algunos ladrones descerrajaron las protecciones de las ventanas, rompieron vidrios e ingresaron al hogar de mis padres. Ellos ni se enteraron, dormían plácidamente en el segundo piso de la casa y los asaltantes no se llevaron ni una cuchara. En el mismo instante que todo esto ocurría yo me encontraba en mi casa rezando el rosario, pidiendo a María -como siempre- protegiera a mi familia.
Inexplicablemente ileso, para los testigos del hecho, salvó también mi hijo de un accidente que ocurrió nuevamente mientras oraba el Santo Rosario. Así decenas y decenas de experiencias propias y de cercanos.
¡Es tan explícita la presencia de la Virgen María en nuestras vidas que amarla y promover la devoción desde nuestro grupo de oración inspirado en Medjugorje es apenas un gesto mínimo de gratitud!

Hoy, cuando mi ritmo vital adquiere la serenidad espiritual que otorgan los años, estoy aferrada a ella como modelo de humildad. Su capacidad de aceptar y no rebelarse a los designios de Dios es una escuela diaria para preparar mi ser al encuentro definitivo donde sólo llevada por su mano podré mirar a los ojos al Amor por esencia, Nuestro Señor.

Ludmila Shoferistov
Santiago de Chile, 2010.

 

Centro María Reina de la Paz.Santiago, Chile. E-mail: virgendemedjugorje@gmail.com

Síguenos en Facebook